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sábado, 12 de julio de 2014

No es solo fútbol

Pasaron seis años desde la última vez que un partido de fútbol me hizo llorar. Fue en el 2008, cuando Racing se salvó del descenso en aquella promoción contra Belgrano de Córdoba. Hoy, seis años después, el fútbol me vuelve a mover las tripas.

Desde que empecé a viajar, la importancia que le daba al fútbol comenzó a perder terreno. La imposibilidad de seguir regularmente las campañas de mi equipo y las ligas y copas de todo el mundo al estar en movimiento constante, hicieron que cada vez me alejara más de la actualidad del fútbol y mi entusiasmo fue decayendo también. Viajando uno pierde prácticamente toda chance de jugar partiditos con amigos, a menos que esté siempre en las playas, y ni aún así es tan fácil poder disfrutar de jugar al fútbol. Entonces ese conjunto de no poder jugar ni seguir constantemente la información actual, hicieron que dejara de darle importancia a lo que me dí cuenta de que, al fin y al cabo, es solo un deporte. También tengo en cuenta que estoy en etapa de encontrar y aprender cosas mucho más importantes que el fútbol.



























Recuerdo que lloré en el 98. Casi muero de angustia en el 2002, solo en el living de mi casa, a las 4 am mirando como Brasil se quedaban con la copa. En el 2006 ya estaba mas grande y apenas si me tiritó un poquito la pera en el último penal. En el 2010 pronostiqué que Holanda iba a jugar al final y estaba entusiasmadísimo con el equipo y creía que realmente íbamos a ser campeones, así que fue una gran decepción.
Cuando éste mundial se empezó a jugar no estaba entusiasmado. Por más que lo deseara, no creía que Argentina pudiera jugar la final ni remotamente ser campeón. Yo soy de esos que creen que tranquilamente podrían ser directores técnicos y que, como muchos otros, mas de una vez fantaseé con serlo. Claro, por lo menos en mi imaginación podía sacar a Racing campeón. Así que no confiaba en ésta selección. No pensaba que estaba consolidad como equipo ni mucho menos. Cuando miraba los nombres de los jugadores me nacía un halo de esperanza, pero moría a los 15 minutos del primer tiempo de los partidos mal jugados. Terminé a las puteadas en el partido contra Bélgica. Me preguntaba cómo un equipo pretende ser campeón si se tiene que colgar del travesaño los últimos 25 minutos.

El amor por el fútbol me lo habían matado la corrupción y la decadencia de calidad en el mundo en general. Al darme cuenta de que todo se había convertido en un negoció sin barreras y sin vergüenzas, al ver cientos y cientos de jugadores mediocres, al ver sumas de dinero ridículas pagadas por un jugador, al ver partidos arbitrados por jueces que saben tanto de fútbol como yo de escribir en un blog (masomenos), al ver cada vez más de éstas cosas, mi amor por el fútbol se fue muriendo y solo fueron quedando las ganas de ver algún que otro partido importante y, si tenía la posibilidad, alguno de Racing.

Pero contra Holanda, algo se volvió a encender en mi...
Me había levantado ansioso. Ya desde temprano estaba desesperado por que llegara la hora del partido. No sabía que hacer, el tiempo no pasaba, el calor estaba insoportable (en Colombia).
En la previa ya estaba nervioso. Tenía un nudo en el estómago. Estaba acelerado. Vinieron un par de amigos a ver el partido y entre ellos un holandés que estaba igual de nervioso que yo.
Cuando rodó la pelota, y a medida que fueron pasando los minutos, empecé a ver a la gente en la cancha volviéndose loca, gritando, agitando. Argentina jugaba bien. Nombre por nombre jugaban bien. Me tuve que meter por el culo todo lo que había dicho sobre Enzo Perez y Lavezzi y Romero. Festejé cada quite de Masche como si fueran goles (y sí que lo fueron)...

Empecé a sentirme como en la cancha. Empecé a gritar como loco, igual que cuando iba al cilindro a ver a La Acadé. Puse el volumen del tele al mango. A los 15 del segundo tiempo ya estaba al borde del infarto. Pero estaba bien. Era un buen síntoma. El Fútbol me volvía a quitar la cordura. El fútbol me hacía llorar otra vez.

Para los penales ya estaba fuera de mi. Cuando Maxi metió el último, me fundí en un llanto silencioso, por dentro. En vez de saltar por toda la casa, me quedé quietito, sollozando, mirando el festejo de los jugadores. Ver a esos 23 tipos llorando con el alma me hizo click. Ver a Masche, Messi, Biglia, Garay, Romero, Orión, Rojo... verlos a todos llorando de alegría, desahogándose, me hizo darme cuenta de que estaba equivocado. Estos tipos están dejando la vida. No es solo fútbol. No es solo un trabajo. Bajo la manga de un partido de fútbol se enfundan sentimientos inimaginables para los que no podemos estar ahí. Cuando Palacio erró ese cabezazo no puteé a un tipo que cobra millones y no puede meter un gol que desde mi casa parece fácil de hacer. Vi a una persona dejando el alma y equivocándose como cualquier ser humano en una situación tensa, comprometida y con los nervios al límite...

Cuándo vi a la gente festejar en el estadio y afuera del mismo, en las redes sociales, los videos de youtube, etc, me olvidé de los negocios. Me olvidé de los estúpidos que se las ingenian para encontrar en un partido de fútbol la venganza de una guerra. Estúpidos que se matan por que tiene camisetas con distintos colores.
Estúpidos que firman cheques y tipean  claves fiscales para realizar transferencias bancarias. Me olvidé de los estúpidos que viven de chuparle la sangre al fútbol en programas de tv paupérrimos. Me olvidé de los derechos de televisión. Me olvidé de los sponsor, de la publicidad, de la corrupción, de la Fifa, de los que manejan el fútbol si haber tocado una pelota jamás. Me olvidé de los partidos arreglados, de los fallos arbitrales, de las sanciones ridículas, de la injusticia. Me olvidé de todo eso y mucho más...
Pero recordé con cuanta pasión anhelaba ver a mi Argentina jugando la final de un mundial. recordé que lo deseo desde que nací. Recordé que toda esa gente festejando en las calles, abrazándose, siendo felices, son más grandes que el fútbol mismo, son mas grandes que cualquier negocio.

El fútbol no nació para tapar nada. El fútbol no tiene la culpa de que los senadores se aumenten el sueldo, de que se venda el Famatina, de los recortes en salud y educación. El fútbol no firma concesiones a mineras multinacionales, el fútbol no vende los lagos de la Patagonia. El fútbol es una víctima más del hombre, pero es una víctima que sigue de pie. Sigue dando felicidad, alegría y esperanza. Sigue haciéndonos hermanos, sigue acortando distancia, sigue dando oportunidades y, como siempre, sigue dando revancha.

No importa lo que pase mañana. Hoy vuelvo a amar al fútbol, vuelvo a la piel de gallina gracias a estos 23 tipos vestidos de celeste y blanco que perdieron las vestiduras y dejaron sangrar la pasión, la misma que tenemos gran parte de los argentinos por éste deporte.

Gracias fútbol, gracias!

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