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miércoles, 26 de febrero de 2014

¿Quien es el valiente?

Parece mentira. Cada día más y más. Familias, amigos, de a uno, en grupos, parejas, como sea, cuantos sean, cuando sea, dónde sea. Cada vez que publico una nueva entrada, cada vez que abro feisbuc, o que reviso los emails me encuentro con un mensaje, una solicitud o una sugerencia de alguien más que se ya salió o que está por lanzarse de cabeza al abismo sin retorno del viaje o la vida nómada. Por cada minuto que paso frente a la compu me encuentro con un blogger más que comparte su vida-viaje/viaje-vida.
En autos, motos, bicicletas (de bambú), monociclos, a dedo, casa rodante, colectivos.
GUAU! Somos cada vez más, cada año, cada mes, cada semana hay mas y mas que salen a buscar el sabor de la vida en los caminos.

En estos dos años dándole vueltas y tumbos a Sudamérica he conocido cientos de viajeros con más sentido de orientación que de pertenencia a un territorio denominado y delimitado. El nomadismo se multiplica en cada punto cardinal. Éstas "Venas abiertas de América Latinas" nos dan un guiño y nos dejan la puerta abierta para fluir por ella como la sangre que somos. El pueblo latino está en movimiento. Uruguay abre sus fronteras al mercosur. Esos 90 días en el pasaporte cada vez nos importan menos y nos animamos ejercer nuestro derecho a permanecer el tiempo que se nos antoje en nuestra propia tierra. Venimos de todos lados y hacia todos lados vamos. Nuestro espíritu se propaga y se contagia. El significado de la wiphala se desparrama y se va colando por las puertas sin burlete. ¿Seremos una nueva tribu urbana? ¿Un nuevo estrato social? ¿Una nueva etnia? ¿Acaso una nueva comunidad?.
Estamos inundando la web. Somos como cardos de espinas venenosas que ganan terreno en el patio de la casa abandonada, trepan el tapial, entran al patio del vecino, lo pican y lo contagian.
¿Los bloggers pasaremos de moda algún día como los floggers? No creo, llegamos para quedarnos.

jueves, 20 de febrero de 2014

Arepas, cachapas, raspao, caribe, socialismo y mujeres de plástico. Venezuela: primera parte.

Palomino, Colombia, Julio de 2013.

Sentado en el capó de su Renault 12 rural, mientras cae la tarde y tomamos tereré de toronja, éste correntino que acaba de salir de Venezuela, se atreve a catalogar a la República Bolivariana como “Un gran video de reggaetón”. Inmediatamente pensé “Guau! Quiero ser un extra en ese video”. De todas maneras ya lo habíamos decidido. Descartando el cruce a Panamá, por el momento, nuestro siguiente paso era la tierra prometida… de las controversias.
Indefectiblemente, las advertencias al borde del infierno, que siempre es el próximo país, se repetían, pero ésta vez con más hincapié, pues no era cualquier país, era Venezuela. Los colombianos me ponen sobre aviso de los peligros de sus vecinos, mientras en la puerta de su casa venden gasolina y harina pan contrabandeadas desde la frontera

                Me animaba a Venezuela no para juzgar defectos y virtudes del modelo, sino solo para conocerlo.  Mi incapacidad para creer todo lo que la televisión dice me empuja a ir a descubrir terrenos con mis propios pies y sentidos.

                En Maicao, un hormiguero de oportunistas, buscavidas, contrabandistas  y wayuus (aborígenes de la Guajira) ambulantes en el limbo del consumo, nos subimos a un Lincoln V8 de los ´80 (taxi) que, con suerte, esa noche nos dejará en la terminal de Maracaibo. El auto atraviesa la ruta al atardecer como un rayo destartalado que en cualquier momento va a descuartizar algún árbol al costado del camino en el mejor de los casos. Al contrario de lo que nos auguraban, los militares venezolanos nos para pocas veces y cuando lo hacen el chofer se apresura a pasarle los 20 o 30 bolos (Bolívares Fuertes, moneda venezolana)de la cometa correspondiente y solo en una ocasión revisan nuestros pasaportes sin más consecuencias que un “Bienvenidos a la República Bolivariana de Venezuela”. Esa noche misma dormimos en un hotelucho contiguo a la terminal y al día siguiente salimos a recorrer un poco Maracaibo hasta que nuestro contacto de CouchSurfing, Andrea, llegue a su casa y nos hospede por seis días. Pasamos la tarde frente al Lago Maracaibo deambulando por el Parque … tratando de no sucumbir bajo el calor insoportable del mediodía. Más tarde salimos a pasear buscando un café con wifi. Caminando en la vereda de una ancha avenida nuestras mochilas no pasan desapercibidas, al menos no para el pasajero de un taxi que nos grita “Guer iu from mai fren”. Respondemos que de Argentina y con un “bah..”  parece perder el interés al no poder poner a prueba su inglés. Nos da la bienvenida a su país y se aleja, pero unos metros más adelante lo volvemos a alcanzar con el semáforo en rojo y lo vemos extender su mano para ofrecernos algo. Son 20 bolos que nos regala y nos obliga: “Chamos se me toman un refresco ahí que éste calor está arrecho”. En el cyber dónde nos conectamos y obtenemos las indicaciones para llegar a la casa de Andrea, la gente se pelea por indicarnos la forma más fácil de llegar, porque estamos un poco lejos. Al intentar tomar un bus nos encontramos, como en Bogotá, que no frenan. No nos quieren llevar por cargar con las mochilas. Al verme despotricar en la parada, un hombre frena y nos dice que subamos a la caja de su camioneta, nos pregunta a dónde tenemos que ir y nos lleva lo más cerca que puede. Al llegar a una avenida por la cual debemos seguir camino, nos indica dónde tomar el próximo bus, pero enseguida recuerda que no nos van a llevar, entonces extiende su mano y nos regala “Unos bolos (30) pa´que cojan carro”. Con éste panorama, la verdad que nunca entendí de dónde venía la mala fama de los Venezolanos.


Maracaibo desde el dpto de Andrea.