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viernes, 1 de noviembre de 2013

Dos años después

Me di cuenta ayer, recién ayer, mientras estaba atrincherado en el fondo de mi campera de invierno, de la que a duras penas asomaba tímidamente el dedo pulgar cada vez que pasaba un vehículo en esa dirección norte que nunca puedo evitar por ser de tan al sur. Estaba haciendo dedo en el mismo lugar, el mismo día, a la misma hora, pero dos años después. Dos años después de haber andado y desandado esta gran sudamérica. Dos años después de haber recorrido (si no le pifio mucho) alrededor de 35.000 km entre idas y vueltas. Dos años después estaba en el punto de partida, ahí dónde había estado cuando todavía ni sabía, ni esperaba, ni imaginaba todo lo que iba a venir.
























He estado ausente del blog por casi tres meses y extrañaba mucho esto. En Venezuela, dónde había estado estos últimos meses, no contaba con muchos lugares públicos que tuvieran wifi, y tampoco los encontré por que no le dediqué mucho tiempo a las urbes y me mantuve en lugares paradisíacos que ya tendré tiempo de contarles.
Al mes de estar en Venezuela decidí volver durante seis meses a trabajar en la temporada de verano en El Chaltén, dónde se despertó el monstruo adicto al nomadismo que habita en mi. Pero ya vendrá, también, el tiempo para El Chaltén.

Lo que me hace escribir ésta vez es Tierra del Fuego. Esa Tierra del Fuego que tiempo atrás tanto maldije y que hoy tanto adoro. Fue automático volver a casa y recordar ese Facundo de hacía tres años, deprimido, peleado con el lugar del mundo que le había tocado, planeando la vida en otro lado por que esa isla era lo peor que podía existir. Recordaba esos momentos y, evocando la imagen de mi mismo ya en otros países hablándole a todos sobre "MI" Tierra del Fuego, de lo hermoso que era y de todo lo que se podía ver y hacer, tanto ahí como en la vasta Patagonia, entendí cuánto puede la experiencia cambiar a una persona, sus puntos de vista, sus emociones y absolutamente todos los aspectos modificables de la personalidad.

Lago Escondido, mirador del Paso Garibaldi... un día bien frío.

Valle de Tierra Mayor... el mismo día bien frío.


Hoy veo al lugar de mis orígenes con otros ojos. Después de haber pisado mucho camino la valoro como nunca antes. Entiendo y acepto el porqué mi familia sigue ahí. La amo más que nunca, con sus cosas hermosas y sus puntos negativos, pero ésta vez, por sobre todas las cosas, comprendí que es un lugar naturalmente importantísimo que hay que conservar con mucho recelo. La abundancia de las fuentes de agua potable aún a salvo de la contaminación van a ser un tesoro muy valioso dentro de no muchos años. Hoy por hoy Tierra del Fuego es un imán para los habitantes del resto del país que vienen en manadas en busca de grandes salarios que le permitan mejorar su calidad de vida.
Río Grande crece a un ritmo demográfico vertiginoso. Cada vez hay más fábricas, lo que trae a más gente, que compra más autos, que viene con hijos que necesitan escuelas, que necesitan maestros y espacios. Más gente que consume más y que necesita más infraestructura que el estado no puede proveer por que ¡EL PBI PROVINCIAL NO ALCANZA PARA PAGAR LOS SUELDOS DE LOS EMPLEADOS DEL ESTADO!. Cada año aumentan los incendios forestales que destruyen los bosques y el 99% de estos incendios no son accidentales sino por negligencia de los que no atienden a la simple recomendación de apagar los fuegos con abundante agua.
La población gana cada vez más, pero así la vida se vuelve cada vez más costosa. Hoy muchos pueden darse el lujo de ir a comer trucha a algún restaurante o de comprarla lo que provoca que cada vez sea mayor la demanda, por lo que cada vez hay mas pesca ilegal en grandes cantidades. La población de truchas es muy frágil y si no se cuida puede ponerse en peligro rápidamente. En fin, muchísimas cosas que amenazan la estabilidad de estas tierras. No se nota hoy, pero... no quiero ver los ríos y los lagos de Tierra del Fuego igual que las playas de Colombia y Venezuela o el Amazonas en Brasil, tan, pero tan llenos de basura.

Valle de Tierra Mayor, pero un día bien lindo.

Guanacos


Volví a ver esas praderas infinitas de pastos amarillentos resecos, con montañas de siluetas femeninas redondeadas. Cielos inmensos, celestísimos. Volví a ver guanacos y me parecieron el animal mas hermoso de éste país. Vi otra vez esas montañas con su nieve para siempre y esos ríos fríos y serpenteantes. Vi otra vez las rutas de rectas interminables y curvas pegadas al helado mar. Bosques de lenga verdes de reluciente primavera. Encontré esos lagos cristalinos de agua pura y sana. Sentí de nuevo el viento crudo y el frío pétreo del invierno largo (o de primavera tardía). Volví al Cabo Domingo, al Paso Garibaldi, al Valle de los Huskies, al Lago Fagnano, a Bahía La Pataía. Se me hizo agua la boca al ver esos corderos casi, casi listos para la faena (Sí!, soy un gran carnívoro argento!). Volví a Ushuaia, esa mágica ciudad, tan deseada y difícil de alcanzar para muchos, y yo que siempre la tuve ahí. Volví a la panadería de Tolhuin.

Lago Escondigo, mirador Paso Garibaldi, un día bien lindo (pero frío)

Lago Fagnano

Más Guanacos

Volví a la calidez del hogar, la comida de mamá, los baños de agua hirviendo, al videt, los asados de papá, el mate a toda hora, a dormir con tres frazadas (cobijas) y uno o dos acolchados (cubrecamas). Volví a desayunar pan con manteca y dulce de leche, volví a ver una heladera llena. Volví a ver a mis amigos. Volví a ver a mi familia, a todos juntos.
Volví a todo esto y, aunque ya me fui otra vez, fueron tres semanas en las que me dí cuenta de cuanto quiero, realmente, a mi Tierra del Fuego.

Mamá y hermanos. Al lado de ellos me dí cuenta de cuan bronceado estaba

Con Papá

¿A quien habré salido catire?


Laica, tan linda y tan viejita ya...

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