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jueves, 29 de noviembre de 2012

Pequeño, pero completito

Desde la costa, con lugares como Playas, Montañita, Pto Lopez, Salinas, Manabí, Esmeralda, etc, pasando por las sierras a través de lugares como Cuenca, Vilcabamba, Riobamba, Ambato, Quito, Latacunga, Loja, Tumbaco, etc, hasta llegar a la selva y entrar en Baños, Puyo, Macas, Tena, Orellana, etc, Ecuador te ofrece esas tres geografías bien bien marcadas.

Antes de llegar a Ecuador deberás hacerte una pregunta cuya respuesta va a determinar qué vas a visitar en este pequeño y oferente país.

¿Qué clase de viaje es el tuyo?

Respuesta 1: "Tengo 15 o 21 o 30 días de vacaciones." Ok.
Lamentablemente eso es poco tiempo. Entonces tendrás que elegir, porque aunque sea un país talla XS, tiene una gran, gran variedad de destinos imperdibles para visitar.
Si querés playa, playa tendrás. Si querés montaña, montaña tendrás. Si querés selva, selva tendrás.
Lo recomendable es que revises páginas con información, blogs de viajeros, o que me preguntes a mi.

Respuesta 2: "Tengo todo el tiempo del mundo" Ok.
Mirá el mapa, hacé algunas averiguaciones, preguntas, y luego armas una ruta o te dejas llevar por lo que te vaya diciendo la gente que vas conociendo en hostels, bondis, o dónde quiera que sea, ya que siempre vas a encontrar viajeros que te recomiendan a dónde ir.

Respuesta 2.a: "Tengo todo el tiempo del mundo, pero poco dinero" Ok.
No os preocupeis, en todos lados se consiguen lugares baratos para dormir, las personas son muy muy amables, por lo tanto es muy fácil viajar a dedo y no es raro que aparezca alguien que te deje poner la carpa en el patio.

En cuanto a mi experiencia, conocí muy pocos lugares, por que, aunque estuve mucho tiempo, mis circunstancias hicieron que me quedara en un lugar por mucho tiempo, que fue la ciudad de Cuenca, que sin duda les recomiendo conocer.

Otra cosita que les va a servir. Resulta que yo estuve mas tiempo que los 90 días legales que te dan de estadía como turísta. Cuando decidí quedarme más, resulta que había que pagar una visa como de 300 dólares, que no no hice y decidí arriesgarme a pagar una multa al momento de salir.
Llegó el día de irme de Ecuador y estaba excedido unos 80 días, entonces, como me había sucedido en Perú, creí que iba a tener que pagar u$s 1 por día de exceso, osea, unos 80 dólares.
Cuando me acerqué a migraciones y pregunte como eran las multas, me dijeron que no había multas económicas, que sólo debía presentar 4 fotocopias de mi pasaporte y que no iba a poder ingresar nuevamente por el término de 9 meses.
Resulta que aunque te excedas o no de los 90 días, igualmente no vas a poder ingresar por 9 meses, porque, no se como será para los demás países, pero a los argentinos sólo se le otorgan 90 días legales por año y tampoco hay que pagar multa, entonces, no quiero hacer apología de la ilegalidad, peroooo... si 90 días te parecen poco, tranquilo ;)

Acá van unas fotos mías y otras por cortesía de Mathilde y Stephanie

Playas

Guayaquil

Ingapirca

Playas

Baños de Ambato

Playas

Cuenca



lunes, 26 de noviembre de 2012

Malicahua

Llegué a Puyo al medio día, proviniendo desde Baños. El cambio en el paisaje fue notorio, de repente estaba en la puerta de la selva. En la terminal me esperaba Marcos, el chamán con quien Bernhard, mi gran amigo, me puso en contacto tiempo antes.
Marcos tiene rasgos selváticos, muy marcados, y una voz suave. Al principio me costó entender lo que decía, por que mas que hablar en tono bajo y tranquilo, era un susurro. Es un hombre muy humilde, que vive de sus cultivos, en una quinta, propiedad de un viejo estadounidense, que no pude conocer por que estaba de viaje, y de vez en cuando obtiene ingresos de los que, como yo, van a buscar la Ayahuasca.
Desde la terminal de Puyo, rodando unos 40 minutos en bondi, se llega a la quinta dónde vive Marcos. Atravesamos un portón celeste y se abrió un bosque casi frondoso a diestra y siniestra de lo que eran unas huellas casi imperceptibles de automóviles. Nos desviamos un poco hacia la izquierda y, ni tan lejos ni tan cerca, ya se divisaba la casa de madera, montada sobre postes de casi un metro de alto, situada en un claro entre los árboles y las plantaciones. El lugar es hermoso, mucho silencio, mucha paz, mucho verde.
Recorrimos un poco los alrededores, conversamos sobre lo que iba a ser, al día siguiente, la toma de Malicahua y, el posterior, de Ayahuasca, así se pasó el día y me fui a dormir.

MALICAHUA.

06:00 am sonó el despertador, 06:20 ya estaba sentado en el bosque mientras Marcos hacía la ceremonia previa a la toma de Malicahua. Preparó el jugo de la raíz, que no necesita cocción alguna, simplemente se pelan los tallos y se junta el líquido en un vaso de madera. Me lo tomé, sentadito sobre unas hojas en medio del bosque, me miró y me dijo, con su susurro característico: “en unos 20 minutos vas a sentir el efecto”. Se dió media vuelta y se fué.

A los 2 minutos apareció un colibrí que dio varias vueltas a mi alrededor, como observándome, y así como llegó también se fue.
Al rato empecé a sentirme cansado, adormecido, atontado, intenté levantarme y tenía los pies anclados al suelo, no me podía levantar. Trataba de agarrarme de los árboles para levantarme y me caía, y me causaba mucha gracias, entonces me reía mucho. Hasta que finalmente me levanté, y empecé a caminar por el bosque.

Ok. Lo que viene ahora no es nada más que la pura verdad de lo que yo vi. En ningún momento perdí la consciencia, pero no sabía lo que realmente estaba pasando si no hasta que volví a la casa de Marcos y me ayudó a entender que era todo eso. Atenti!! esto es creer o reventar, y ahí va.

Hay sólo un pequeño espacio que no recuerdo, que fue justo cuando me levante y empecé a caminar. De repente me di cuenta de que estaba perdido en la selva, y no sabía como volver. Entonces vi a una mujer, vestida con ropas muy muy raras, como con hojas y ramas y pastos, con una cara muy rara, sonriente, amable, pero como deformada. Me acerqué, le dije “Buen día. Disculpe, necesito hacerle una pregunta”, y ella respondió “Si”, con un tono de voz angelical, alargando la “i”. La pregunta que le hice, fue la que repetí durante todo el día: “Estoy perdido, ¿dónde está la carretera para volver al pueblo?. La única respuesta fue una mirada fija, muda, con una sonrisa inexpresiva, sin emitir una sola palabra, ni un gesto y esa fue la respuesta que recibí durante todo el día, de todas las “personas a las que le preguntaba”. Todos escucharon mi pregunta atentamente, pero nadie me respondió.

Con esa primera mujer, había otras personas, más raras aún, flacos, marrones, verdes, con formas de árboles, con hojas. Algunas de esas personas medían 4 o 5 metros de alto, caminaban al lado mío, mirándome fijamente, pero siempre sin decir una palabra, sólo sonriendo algunos, otros muy serios.

Llegó un momento en el que me sentí desesperado, y lo único que “sabía” era esto: Al otro lado de un charco de agua entre unos árboles, que cada vez que intentaba cruzar me hundía hasta la cintura en el agua y el barro, estaba mi mochila, con todas mis cosas, y esas personas raras, que yo creía que era una comunidad de europeos que vivían en la selva, completamente drogados y fuera de la realidad, sin casas, sin ropa, creí que hacían sus ropas con árboles y hojas y vivían comiendo hongos, no me dejaban tomar mis cosas para poder irme, y tampoco me indicaban el camino hacia la ruta para poder volver a la casa de Marcos.

Tratando se sintetizar un poco, pasé 9 horas corriendo desesperado por todo el monte, de un lado a otro, buscando ayuda, haciendo la misma pregunta a decenas de “personas” y recibiendo siempre la misma respuesta. Corría casi desnudo, lo único que me quedaba puesto era el pantalón, por que Marcos, antes de tomar la Malicahua, me había dado una soga para que me la pusiera en lugar del cinturón y la atara bien fuerte, advirtiéndome que la Malicahua me iba a hacer quitarme toda la ropa, lo cual efectivamente sucedió.

Vi “personas” muy, muy, muy viejas, y también muy muy jóvenes, vi un montón de autos estacionados en plena selva, vi “personas” de picnic, sentadas en reposeras, como pasando un día de campo en familia, vi adolescentes, vi chicas y chicos, vi policías, vi militares, a todos les hice la misma pregunta y todos respondieron igual: con silencio. De repente encontré un grupo de “personas” normales, aparentemente europeos, que tampoco contestaron.

En un momento, caminando entre pastizales muy altos, empecé a ver trampas para osos por todos lados. Cuando por fin alguien me habló, una niña, con aspecto de árbol, me preguntó mi nombre y que estaba haciendo por ahí. Le pregunté por que había tantas trampas para osos, y dijo que eran para conejos y que no me preocupara que no me iba a pasar nada, entonces pise una y no se cerró, y las pisé a todas y ninguna se cerró, pero cuando le pregunté por la ruta dejo de caminar, se quedó inmóvil y no me respondió.

En un momento quedé atrapado, hundido hasta la cintura en un pozo de agua, no puedo reconocer con quienes, pero recuerdo que no podía salir entonces conversaba con 2 o 3 personas, y nos reíamos muchos, un momento de relax, pero no podía salir del agua, entonces apareció Marcos, me sacó del agua, me dijo “vamos” y no lo volví a ver mas, de repente estaba otra vez corriendo de un lado a otro.

Y así pasó todo el día. La mayor parte del tiempo estuve muy asustado y desesperado, y algunos momentos fueron muy divertidos. Hasta que encontré una especie de baño que Marcos hizo con agua de un río, en el que hay unas canaletas que transportan el agua y la dejan caer como si fuera una ducha. La caída del agua es constante, no se puede detener, pero cuando terminé de darme una ducha, estuve unos 30 minutos girando las hojas de un árbol creyendo que eran las canillas para cerrar el paso del agua. Las giraba y me iba, pero me daba cuenta de que el agua seguía cayendo, entonces volvía y las cerraba otra vez, y así, y así, y así.

Encontré el camino a la casa de Marcos. Volví enojadísimo, a las puteadas, diciéndole que había tenido un día de mierda, que la había pasado muy mal, y que la Malicahua no me había hecho efecto. Él me escuchó pacientemente, y cuando nos sentamos en los escalones de la puerta de su casa, mirando hacia el bosque y yo le pregunté quienes eran todas esas personas que vivían en la selva, que me habían seguido hasta la casa y me miraban desde el bosque. Me respondió que él no veía a nadie y que eran producto de el efecto de la Malicahua en mi, y que eran los espíritus de la selva. Me contó que eran los espíritus de todos y cada uno de los organismos vivos en la selva.

Vi muchísimos y Marcos me explicó que me escuchaban atentamente y me miraban por que se interesaron en mi, pero que no me respondieron por ser alguien nuevo y extraño para ellos.
Algunos, cuando me miraban hacían un gesto muy extraño, como la cabeza movible de los perritos que ponen en los tableros de los autos, y Marcos me dijo que hacen eso cuando te observan con curiosidad.

Cuando supe todo esto, mi enojo desapareció, y todo lo que pasé durante el día se convirtió en algo genial, por que entendí lo que estaba pasando y todo el miedo que había tenido desapareció por completo.
Bueno hay muchísimas cosas más, que son indescriptibles, y sólo van a comprender cuando tomen Malicahua. Y también pude sentir la fuerza de esos espíritus de la flora viva, lo que me hizo pensar en los vegetarianos, que no comen carne por no matar animales, pero matan muchas plantas.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mi Primer Añito


Un día como hoy, 1ro de Noviembre, pero del año pasado, 2011, me fui.
Hace un año que ando... y hace un par de días una persona me preguntó:

¿Pero por que dejarlo todo sólo para viajar?
Y a esa pregunta siguieron otras, sobre las que no voy a profundizar, como:
¿Y de dónde sacas dinero? ¿Y cuando se te acabe? ¿Y cuando volvés?...
Así que me concentro en la primer pregunta.

No creo que exista una respuesta concreta desde un solo punto de vista. Es algo que no puede ser expresado al cien por ciento con palabras. Va en cada uno, está enraizado en el corazón del que lo hace, del que se arriesga, del que sueña.
No pienso que dejarlo todo (con todo lo que eso abarca) sea un requisito necesario para poder hacer un viaje especial. Pero yo soy uno de esos que creen que la vida puede ofrecer mucho más que quince días libres por año.
En esta clase de viajes, mientras mas distancias recorre uno, más profundo es el viaje hacia su propio interior. Estos viajes sirven para conocerse uno mismo, para saber hasta dónde podemos llegar viviendo de un modo para el que nunca fuimos educados, preparados o enseñados.
Los que hacemos esto no somos héroes, ni extraterrestres, ni próceres. De hecho somos muchos. La característica común y principal es el sueño. Soñar. Eso es lo que hacemos. Eso es lo que somos, SOÑADORES.
Y, si es que hay algo que nos hace especiales, debe ser que nos atrevemos a que esos sueños no queden solo en eso, en sueños.
Este mundo que tenemos es maravilloso, y creo que hay que aprovecharlo mientras podamos, ya sean 15 días por año o por muchos años consecutivos.


Feliz Noviembre!!